Aquella noche,
que fue lengua envenenada.
La frase:
“Basta, dejemos esto.”
El teléfono
que se quedó mudo.
Las ondas
que nos separaron.
Y desde ese instante, el vacío;
la desesperación de la nada.
Caminar sin rumbo flotando entre la gente,
abriéndome paso entre fantasmas.
La angustia se hizo boca de monstruo,
tragaba los pensamientos
el sentido de la existencia.
El mundo se tornó abismo,
un colmillo de abandono
se clavó en el cuello.
Pasaron las noches y los días
en el narcótico de soledad;
no me debatía ni pensaba
ni siquiera sé si sentía.
Supe levantarme;
una mañana me acerqué a la luz
y comenzaron a crearse las formas.
Abrí otra vez los ojos a la vida
y comencé a descubrir nuevas sensaciones.
Ahora esa despedida es pasado
y no se borra, no;
pero el tiempo abandonó la angustia
y me dejó una señal…:
Renacimiento.
lunes, 7 de julio de 2008
jueves, 12 de junio de 2008
Premio Brillante
Muchas gracias Miguel, Donde se posa el sol, por ese premio que me has dejado y por el anterior que no he olvidado, los expondré con mucho orgullo...
Lo siento, aún no conozco a nadie que no lo haya recibido para ofrecérselo...
Lo siento, aún no conozco a nadie que no lo haya recibido para ofrecérselo...
viernes, 11 de abril de 2008
Camino por tu sombra
lunes, 10 de marzo de 2008
Presencia ausente o ausencia presente.
Hay una palabra
dentro de mí
que es tuya.
Una crisálida.
Y nazco…
Dentro de ella sin alas
haciéndose.
Es entonces el volcán
que estremece la tierra
y la lame con fuego
mientras yo me retuerzo
creando distintas formas
Soy débil
envuelta en tus brazos
soy blanda
e indefensa me escondo en tu espalda
que me va hilando
y juego a ser mujer
inventándote
Pero…
¿Dónde estás…?
sábado, 1 de marzo de 2008
Espera...
espera
sólo un segundo
sólo un segundo
déjame rescatar
palabras pasadas
escenas íntimas
lo mejor de los dos
entonces ya puedes irte
ya todo ha terminado...
martes, 19 de febrero de 2008
Quédate
Se vistió. Recorrió las habitaciones. Se decantaron las historias. Cerró las ventanas. Abrió la puerta y se perdió en la bruma.
(Un punto se depositó en el aire y el alarido se pegó a las cortinas)
Las pisadas decían adiós mientras la mente se desdobló en un vahído.
Quise retenerlo y me dijo que ya se había perdido. No quería que desapareciera. Tal vez no tenía derecho a recomponer nada, pero... no podía. Y le repetí: Quédate. Mañana quizás desaparezca la niebla y empieces a ver escenas diferentes; si tampoco te gustan, no lo sé, pero no te das cuenta que si no conoces otras alternativas es absurdo decidir.
(Un punto se depositó en el aire y el alarido se pegó a las cortinas)
Las pisadas decían adiós mientras la mente se desdobló en un vahído.
Quise retenerlo y me dijo que ya se había perdido. No quería que desapareciera. Tal vez no tenía derecho a recomponer nada, pero... no podía. Y le repetí: Quédate. Mañana quizás desaparezca la niebla y empieces a ver escenas diferentes; si tampoco te gustan, no lo sé, pero no te das cuenta que si no conoces otras alternativas es absurdo decidir.
domingo, 17 de febrero de 2008
Llegó una tarde.
Llegó una tarde. Desamparado. Dijo que estaba solo y todos lo creyeron. El sol se metió en el pelo irradiando claros en el negro. Me quedé mirándolo, recuerdo...
Y me gusto... me hizo sentir muñeca. Una porcelana ching pero no impermeable; me volví porosa y empecé a absorber su soledad.
Mientras él se llenaba de claros y oscuros, yo me iba haciendo sombra. Destapando la sensualidad y cerrando arterias, respirando sus gases.
Sentía en los muslos sus manos y me desvanecía en sus durezas. Me hice ciega y menosprecié la voluntad. Prefería la fiebre a la escarcha y los frutos maduraban pronto. Era una ansiedad ambulante.
Pero... cubrí de nieve mis gestos, comprimí las pupilas dilatadas. No quería presionarlo ni poseerlo ni absorberlo. Lo quería libre. Acompañar sus propios ritmos. Hasta que llegaba su cuerpo y se pertrechaba en mis entrañas. Me expandía a su libertad y a sus ojos cerrados, a su lamento y a su grito.
Ascendiendo la temperatura, vitrificándonos hasta la transparencia.
Un día me dijo que se iba a pescar sirenas. ¿Me acompañas? Lo mire, recuerdo... largo, largo tiempo. Y contesté lo inevitable: “Vete tú. Quizás algún día empiece a rastrearte. Quizás.”
Ahora soy curandera de las horas y deletreo en braille aquellos momentos.
Y me gusto... me hizo sentir muñeca. Una porcelana ching pero no impermeable; me volví porosa y empecé a absorber su soledad.
Mientras él se llenaba de claros y oscuros, yo me iba haciendo sombra. Destapando la sensualidad y cerrando arterias, respirando sus gases.
Sentía en los muslos sus manos y me desvanecía en sus durezas. Me hice ciega y menosprecié la voluntad. Prefería la fiebre a la escarcha y los frutos maduraban pronto. Era una ansiedad ambulante.
Pero... cubrí de nieve mis gestos, comprimí las pupilas dilatadas. No quería presionarlo ni poseerlo ni absorberlo. Lo quería libre. Acompañar sus propios ritmos. Hasta que llegaba su cuerpo y se pertrechaba en mis entrañas. Me expandía a su libertad y a sus ojos cerrados, a su lamento y a su grito.
Ascendiendo la temperatura, vitrificándonos hasta la transparencia.
Un día me dijo que se iba a pescar sirenas. ¿Me acompañas? Lo mire, recuerdo... largo, largo tiempo. Y contesté lo inevitable: “Vete tú. Quizás algún día empiece a rastrearte. Quizás.”
Ahora soy curandera de las horas y deletreo en braille aquellos momentos.
sábado, 16 de febrero de 2008
Esos días...
Tenia las manos quietas. Disimulaba serenidad. Intentaba abrir el horizonte para no apoyar la mirada sobre ella. Con la voz segura, como si lo supiera todo me interné en su mente y le clavé:
-No es por él
Sus ojos se perdieron en el interrogante. Me pidió una copa.
Estaba harta de que me obligaran al auxilio. Era un estropajo. Una sombra y yo perdiendo el tiempo ¿Para qué ayudarla? ¿Por qué no se ayudaba ella?
Años perdidos con incapaces. Es cierto. No tengo que ocultarme. Me dejaban aislada, pendiente de sus miserias. Como si de mí pudiera salir el milagro.
-No es por él,- repetí.
Y otra vez su mirada, huérfana. Esa mirada de mundo hostil que castiga.
-No haces sino pensar en ti;- seguí insistiendo sin lástima- Es tu puto egoísmo el que te enferma. ¿Qué le das tú a él? ¿Lo has pensado alguna vez? No, nunca, te crees que todo te lo deben. Que eres la única víctima. Que la vida te ha hecho una faena. ¿Y qué haces tú por tu vida? Me dices que te la rompieron de pequeña, vale, ¿pero te esforzaste alguna vez por reconstruirte? No, te quedaste sentada lamentándote y repitiendo: “Todo me sale mal”.
Y ahora vienes a mí, pero no quieres que te de un empujón para que sigas en esa inercia; quieres que te solucione la vida entera.
Mírame, acaso tengo aspecto de ser omnipotente.
Por supuesto, llegó el consabido ataque de histeria. Insultos. Coacción. Estaba obligada a sacarla o al menos que siguiera flotando. Sí, yo estaba obligada. Ella nunca me miró a los ojos. Nunca me preguntó como estaba. Yo era un objeto para escucharla. De donde chupaba la energía.
Me dolía el estómago. No quería oírla más. No podía soportar ya ese lamento constante. Lamento y lamento, el rito mágico.
-Vamos, hasta cuando te lamentas es para ti. ¿No sabías que así te recubres y te alivias? ¿No sabías que sólo revientas así mis defensas?
Me levanté mientras ella seguía pegada en el sillón. Le dije que se fuera. Salió con amenazas. Ya no las escuchaba. Recogí el abrigo, abrí la puerta y el sol de febrero intentó descorrer las sombras. Tenía que sacudirme. Yo era libre...
-No es por él
Sus ojos se perdieron en el interrogante. Me pidió una copa.
Estaba harta de que me obligaran al auxilio. Era un estropajo. Una sombra y yo perdiendo el tiempo ¿Para qué ayudarla? ¿Por qué no se ayudaba ella?
Años perdidos con incapaces. Es cierto. No tengo que ocultarme. Me dejaban aislada, pendiente de sus miserias. Como si de mí pudiera salir el milagro.
-No es por él,- repetí.
Y otra vez su mirada, huérfana. Esa mirada de mundo hostil que castiga.
-No haces sino pensar en ti;- seguí insistiendo sin lástima- Es tu puto egoísmo el que te enferma. ¿Qué le das tú a él? ¿Lo has pensado alguna vez? No, nunca, te crees que todo te lo deben. Que eres la única víctima. Que la vida te ha hecho una faena. ¿Y qué haces tú por tu vida? Me dices que te la rompieron de pequeña, vale, ¿pero te esforzaste alguna vez por reconstruirte? No, te quedaste sentada lamentándote y repitiendo: “Todo me sale mal”.
Y ahora vienes a mí, pero no quieres que te de un empujón para que sigas en esa inercia; quieres que te solucione la vida entera.
Mírame, acaso tengo aspecto de ser omnipotente.
Por supuesto, llegó el consabido ataque de histeria. Insultos. Coacción. Estaba obligada a sacarla o al menos que siguiera flotando. Sí, yo estaba obligada. Ella nunca me miró a los ojos. Nunca me preguntó como estaba. Yo era un objeto para escucharla. De donde chupaba la energía.
Me dolía el estómago. No quería oírla más. No podía soportar ya ese lamento constante. Lamento y lamento, el rito mágico.
-Vamos, hasta cuando te lamentas es para ti. ¿No sabías que así te recubres y te alivias? ¿No sabías que sólo revientas así mis defensas?
Me levanté mientras ella seguía pegada en el sillón. Le dije que se fuera. Salió con amenazas. Ya no las escuchaba. Recogí el abrigo, abrí la puerta y el sol de febrero intentó descorrer las sombras. Tenía que sacudirme. Yo era libre...
viernes, 8 de febrero de 2008
Maquillaje de noche
Se acerca la noche y va rompiendo la espuma en la escollera. Las pardelas anuncian la oscuridad en las rocas y una lámpara de ámbar recorre las paredes.
Espero... no sé que espero, pero arde el pecho y han mutado los latidos. Una caparazón de sedas se ha interpuesto a tu ausencia. El deseo las mantiene intactas, prestas a resbalar.

Cada sonido parece una palabra todavía no dicha.
Espero... no sé que espero, pero arde el pecho y han mutado los latidos. Una caparazón de sedas se ha interpuesto a tu ausencia. El deseo las mantiene intactas, prestas a resbalar.

jueves, 7 de febrero de 2008
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Estamos juntos
Quiero estar aquí Donde estamos No pido hoy nada más
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te vi partir y también regresar hundido te abracé sin cuerpo cuando dejabas el espacio desierto y te abrecé amanacido en cada retorn...
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Quiero estar aquí Donde estamos No pido hoy nada más
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no sé cuándo empieza el placer de contemplar lo que ha sido ese instante en que el recuerdo transforma la materia en impalpable en ...

